
Doce años más o menos;
mirada del niño pasajero
a los pies, al sucio calzado ajeno.
El ferry de Dakar a Gorée, repleto:
el niño pasajero prevee, calcula
su salario de hoy, salario dominguero.
Con un trapo y el betún paseará
el niño en la isla de los esclavos el día entero.
Le sonrien los ojos, le sonrien los dientes
cuando mintiendo en francés me dice
que va a la escuela de lunes a viernes.
Escaso es su negocio,
pero alto es el precio
de su vil desamparo perverso y necio.
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